GESTIÓN COMUNICACIONAL PARA UNA CAMPAÑA POLÍTICA EXITOSA

GESTIÓN COMUNICACIONAL PARA UNA CAMPAÑA POLÍTICA EXITOSA

Por: Gabriel Alejandro Villalba Pérez*

Las sociedades latinoamericanas en su propio desarrollo teórico comunicacional fueron altamente influenciadas por el marxismo europeo y el posterior marxismo heterodoxo latinoamericano. La comunicación latinoamericana se desarrolló con un horizonte de crítica a lo establecido, de repudio a las formas de dominación; intentando tematizarlas a partir de enfoques que no devenían exclusivamente de la Comunicación, tal es el caso de la instrumentalización de Louis Althusser[1] para explicar ciertos fenómenos de dominación, oposición a lo hegemónico y propuesta de un sentido subalterno[2]. Althusser no se refiere específicamente a lo comunicacional, sino a lo ideológico político, pero constituye una influencia importante para empezar a proponer una gestión de la comunicación a partir de su desarrollo teórico. El patrón común es la resistencia y crítica de lo hegemónico, del sentido dominante; para interpelar la forma de comunicar y reestructurar los procesos comunicacionales.

Esta vertiente crítica europea incorpora en la Comunicación latinoamericana elementos esenciales para imaginar nuevas formas de organización de los sectores populares y su relación con diversas instancias, funciones y dispositivos[3]. A la vez, la sociedad también  se comprende en virtud a la complejidad de Latinoamérica, de cierta forma permeada por la vertiente dogmática, caracterizada por un proceso unidireccional de verter las ideas de las clases políticas dominantes (fuente) a un balde (medios de comunicación) que a través de películas, telenovelas, libros, programas de radio y televisión, lanzan el balde sobre el receptor (población) con el fin de vaciar el contenido dentro de su cabeza[4]   

Las particularidades socioeconómicas y políticas latinoamericanas constituyeron históricamente un quiebre en la forma de comunicar y en la forma de realizar una gestión eficiente de la comunicación acorde con las realidades sociales que se demandaban y demandan. Sin embargo, la concepción tradicional de la Comunicación en Latinoamérica tiende en lo operativo a emular la teoría de los efectos[5]. Sin embargo existen trabajos destacados como el de Néstor García Canclini[6] desde el campo de la sociología[7] cuyo aporte sustancial radica en la desmitificación del pueblo como masa eternamente oprimida e incapaz de participar en los procesos de construcción de hegemonía[8]. En su aporte teórico García Canclini logra apartarse del antagonismo polarizado de lo opresor-dominante y lo subalterno, logrando evidenciar fenómenos culturales mucho más complejos que los evidentes. De esta forma innovando un nuevo pensamiento latinoamericano inmerso en los estudios culturales y fenómenos propios de la región.

Esta evolución en la Comunicación trae consigo para la Latinoamérica una nueva forma de entender la gestión comunicacional desde lo científico cuantitativo, otorgado por los teóricos pragmáticos[9], pasando por el pensamiento crítico europeo, hasta el propio desarrollo latinoamericano con enfoques comunicacionales muy particulares y diferenciados con relación al mundo europeo y anglosajón tales como: el estudio de la ideología dominante, propiedad de los medios de comunicación, explotación de los trabajadores de la información y la comunicación, control de los medios, crítica  de la libertad de prensa versus la libertad de empresa, mercantilización de la noticia, vínculos entre los medios y el poder; entre otros enfoques que plantean una comunicación horizontal[10]. Comunicología enfocada en la participación democrática, la interpelación a los tipos de democracias y a los tipos de desarrollos y la constante preponderancia de la comunicación como un derecho al alcance de todos para su acceso, pero también desarrollo e intercambio bidireccional emisor-receptor en todos los niveles y dimensiones.

De este fundamento teórico comunicacional se funda una gestión de la comunicación capaz de aglutinar los elementos ya mencionados de una forma ecléctica. De la corriente pragmática se parte del supuesto de la aplicación de un método científico en la política y la Comunicación. Entendiendo que los impulsos pragmáticos generan revoluciones científicas[11] con un conocimiento científico que se asienta en la lógica, ya que la ciencia es impensable sin las normas lógicas. Con la contrastación científica de la realidad política podemos generar diversas tácticas y estrategias comunicacionales para una campaña política eficiente.

Si bien es preponderante conocer los fundamentos, potencialidades, límites y enfoques de la teoría crítica, no se debe caer en el solo dogma, en virtud de que los dogmas no admiten criticas ni dudas. Una campaña política exitosa debe saber comunicar y administrar el potencial dogmático de cualquier discurso. El paradigma de la comunicación horizontal mencionando precedentemente, aplicado a la democracia debe reemplazar las verdades eternas o dogmas por hipótesis que deben estar siempre expuestas al escrutinio y a la posibilidad de ser refutadas.

En función a las teorías pragmáticas y críticas de la Comunicación, la gestión de la comunicación en una campaña política debe trabajar con parámetros científicos, considerar todas las hipótesis posibles, examinar los hechos desde todos los ángulos con sus multideterminaciones, sin rechazar ni descartar ninguna teoría, aunque contradiga la creencia a la cual se adscribe la campaña.

La gestión de la comunicación para una campaña política exitosa debe considerar una visión interdisciplinaria, que no se estanque en un solo campo del saber. En virtud a que los comunicólogos tienden a delimitar paradigmas que producen conocimientos pero que a la vez limitan la posibilidad de comprender la realidad en su multiplicidad. En una gestión comunicacional eficiente se requiere de una suerte de pensadores intrusos[12] con conocimientos de diversos paradigmas utilizados alternativamente según convenga el desarrollo dela campaña. En determinado momento inicial de una campaña se requerirán de los fundamentos científicos que permitan medir alcances y evaluar cuantitativamente aceptaciones hacia la organización o candidato. Esto se desarrollará a través de encuestas, grupos focales y entrevistas que responden a instrumentos que se interpretan a través del pragmatismo comunicacional. Sin embargo, para la construcción del discurso y el posicionamiento de temas que refuercen o interpelen el sentido común de la sociedad en favor de la organización y/o candidato se requieren insumos de orden ideológico, vale decir de las herramientas que dotan a la comunicación la vertiente critica.

Las sociedades latinoamericanas se desarrollan políticamente a través de la conversación[13] fluida y constante involucrando a más ciudadanos comunes en temas antes reservados sólo para políticos o intelectuales. Con las mediaciones tecnológicas la opinión publica incluyo a toda la población transformando los valores y normas de la democracia y de las formas de comunicar. Es así que una gestión comunicacional responsable y exitosa debe establecer canales de comunicación directa de ida y vuelta con inmediatez entre el candidato u organización política y la gente que se comunica e interactúa en los espacios comunicacionales determinados. Es así que la gestión de la comunicación es preponderante para toda campaña.

Superada la comunicación unidireccional[14] tanto emisores como receptores se encuentran en igualdad de condiciones en la generación de mensajes e incidencia comunicacional que pueden o no ejercer. En este entendido la campaña radica en el total control a través del monitorio de todo el flujo comunicacional entre el emisor (candidato) y receptor (votantes) generando un ambiente familiar, receptivo, amigable y de constante interacción virtual humanizada, no automatizada ni automática, la campaña se gana con el apoyo de la gente por ende debe estructurarse desde los ojos de esta misma gente, forjando una real comunicación.

*Abogado titulado de Universidad Mayor de San Andrés, mención en Derecho Internacional, especializado en Geopolítica por la UNAM, conductor del programa radial Sangre combativa por 3 años y del mismo programa televisivo por otros tres años. Cursa la maestría de Gestión de la Comunicación y Comunicación Estratégica del Ipicom de la Carrera de Comunicación Social de la UMSA. Funge como Responsable en Bolivia del Centro de Estudios Nuestroamericano Chávez Kirchner (CENACK)   


[1] Filósofo francés marxista. Habitualmente considerado estructuralista. Falleció el 22 de octubre de 1990. 

[2] Althusser, Louis, Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Nueva Visión, España, 2016.

[3] Foucault, Michel, Microfísica del poder, La Piqueta, España, 1978.

[4] Berlo, David, El proceso de la comunicación, El Ateneo, Argentina, 1984.

[5] Hernández, Max, Los efectos teoría y práctica, Trabajos prepublicados del 41º Congreso

de la API. Ponencias oficiales, Chile, 1999.

[6] Filósofo, sociólogo y crítico de arte argentino. Doctorado en Filosofía en las Universidades de La Plata y de París. 

[7] García, Néstor, Gramsci con Bourdieu. Hegemonía, consumo y nuevas formas de organización popular, Revista Latinoamericana de ciencias sociales “Nueva Sociedad”, Argentina, 1984, pp.69-78.

[8] Portantiero, Juan Carlos, los usos de Gramsci, Folios, Mexico, 1978.

[9] Harold Lasswell, Charles Wright, Paul Lazarsfeld, Robert Merton, Melvin L. De Fleur entre sus máximos exponentes.

[10] Beltrán, Luis Ramiro, Premisas, objetos y métodos foráneos en la investigación sobre comunicación en América Latina, Editorial Gustavo Gili, España, 1982.

[11] Kuhn, Thomas, La estructura de las revoluciones científicas, Fondo de Cultura Económica, México, 1971.

[12] Wagensberg, Jorge, El pensador intruso, Tusquets, España, 2014.

[13] Mora y Araujo, Manuel, El poder de la conversación. Elementos para una teoría de la opinión pública, La Crujía, Argentina, 2005. 

[14] Marcuse, Herbert, El hombre unidimensional, Beacon Press, Estados Unidos, 1964.

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Matrices, abordajes y enfoques comunicacionales

Gabriel Alejandro Villalba Pérez

Las matrices de la comunicación se estructuran en corrientes con distintos criterios de organización, que cuentan con un esquema aceptado comúnmente para el proceso comunicativo, que es el siguiente:

Emisor –> Mensaje –> medio –> receptor En un determinado C.S.

Proceso que ocurre en determinadas condiciones sociales: el Contexto Social (C.S.)

Así la teoría del proceso comunicativo se presenta como la conceptualización de una práctica. La base de la practica comunicacional es el uso de signos como materia prima. Ya que son los signos los que producen significados. Convirtiendo lo real en teoría. En la teoría marxista se desarrollaría de esta forma:

Concreto Real            –> Concreto Representado –>        Concreto Pensado

Como punto de partida; imagen mental;Conceptual; Objeto comprendido

Los abordajes de la comprensión del proceso comunicativo se desarrollan desde tres grandes perspectivas; el pragmatismo ligado íntimamente a la teoría de los efectos. La teoría critica que comprende precisamente la crítica a la teoría pragmática desde la construcción de la ideología. Y el abordaje crítico utópico de la comunicación con teóricos latinoamericanos que desarrollan las concepciones de democracia y participación fundamentalmente.  

El enfoque pragmático de la comunicación surge el siglo XIX en EE.UU. e Inglaterra desde el utilitarismo: la teoría tiene que ser algo útil, o no sirve. La utilidad se convierte en el centro del conocimiento. Lo útil se presenta como lo verdadero. Se persiguen resultados concretos en el proceso de la comunicación. La lógica comercial de los medios de comunicación gira en torno a este paradigma y forma unidireccional de desarrollar la Comunicación.

Le enfoque pragmático por otro lado se desarrolla principalmente en Europa continental como un cuestionamiento a la realidad, a los hechos concretos. Cuestionando la realidad tal cual se la percibía. Se critica la matriz civilizatoria y por ende se prepondera la ideología cuestionando la alienación como el encubrimiento de lo real. Se cuestiona, critica y estudia el pensamiento dominante para deconstruirlo. Se critica la industria cultural y las formas de alienación cultural y la plusvalía ideológica para vislumbrar una propuesta de emancipación que no deja de ser unidireccional, pero en contrasentido a la teoría pragmática.

El enfoque critico utópico plantea un diseño para el futuro rescatando la teoría crítica europea, se constituye en una guía de acción y propuesta de cambio. Diseñando desde la utopía una sociedad democrática y altamente participativa. La Comunicación se constituye como un proceso de ida y vuelta quebrando con el unidireccionalismo. Pero a la vez intentando rescatar casi eclécticamente lo mejor de la teoría pragmática en lo cuantitativo, medible y científico. Y por otro lado los estudios culturales y la preponderancia de las construcciones ideológicas. La comunicación y la cultura de masas se entremezclan con propuestas que se conjuncionan proyectando enfoques de estudio comunicacionales tales como la ideología dominante, propiedad de los medios de comunicación, control de los medios, mundialización cultural, entre otros.

COMPRENDIENDO LA HEGEMONÍA, EL CONSUMO Y LAS FORMAS DE ORGANIZACIÓN POPULAR

Gabriel Villalba Pérez

El presente artículo analizará el texto de Néstor García Canclini[1]: Gramsci con Bourdieu. Hegemonía, consumo y nuevas formas de organización popular[2]. Autor que propone un estudio más allá del positivismo estructuralista y la concepción funcionalista sobre los aparatos ideológicos, los mecanismos omnipotentes de dominación y la oposición entre lo hegemónico y lo subalterno[3].

Tres son los ejes temáticos abordados en el texto: la hegemonía, el consumo y las formas de organización de los sectores populares. La hegemonía[4] se entiende en un plano diferenciado a la categoría de “dominación”, una forma de apropiación del poder por un sector a partir de la administración y generación de consensos con los otros sectores de la sociedad. El consumo como los procesos sociales de apropiación de los productos en su condición inherente a la lucha de clases por participar en la distribución de los bienes y satisfacción de necesidades. Y las formas de organización de los sectores populares como instancias, funciones y dispositivos[5].

El aporte sustancial del texto de García Canclini es la desmitificación del pueblo como masa eternamente oprimida incapaz de participar en los procesos de construcción de hegemonía. Apartarse del antagonismo polarizado de lo opresor-dominante y lo subalterno enmarca el texto en la innovación que evidencia fenómenos culturales mucho más complejos a los evidentes.

A través de esa línea de análisis se evidencian insumos para la interpretación de realidades modernas fragmentadas y complejas que desarrollan lógicas de relacionamiento más allá de la polarización opresor-oprimido. Ya que en la construcción de la hegemonía no existen sectores de la sociedad pre-destinados o exclusivos para el ejercicio del poder, el consumismo, la concientización de la resistencia o para la existencia popular alternativa. Son los sectores populares los que legitiman un sistema hegemónico en base a pactos que otorgan prestaciones reciprocas. Esto nos ayuda a entender las composiciones políticas heterogéneas más complejas y preponderar la importancia de cada sector de la sociedad que no siempre se encuentra representado en un partido u organización política, ya que las sociedades modernas se organizan en base a intereses, aspiraciones y necesidades en un contexto multideterminado por factores no solamente económicos; sino también culturales, luchas de reivindicación y posición privilegiada en la construcción de los consensos sociales.

El consumo entendido desde los intereses del trabajador-consumidor con sus múltiples contradicciones evidencia no sólo la lucha por el poder, sino la apropiación de los significados y significantes culturales para luchar contra las formas de poder, de represión, de discriminación. Pero a la vez, en la cotidianidad, por la apropiación de los bienes y servicios. De esta forma el consumo pasa a constituirse en una articulación compleja entre lo ideológico, político y socioeconómico.

La movilización de los sectores populares no solamente se debe entender como manifestaciones de resistencia al poder desde una subalternidad, ya que las contradicciones sociales modernas vinculan y movilizan causas como la vivienda, acceso a la educación, atención médica, transporte, servicios básicos, calidad de vida; que se encuentran en el plano del consumo.

El texto de García Canclini ayuda a entender también las reconfiguraciones sociales a partir de las acciones hegemónicas que pueden suscitar nuevos comportamientos, una suerte de construcción de un nuevo sentido común con propios hábitos, valores y subjetividades que se renuevan y posicionan en las sociedades.

La visión integradora, de la noción de hegemonía gramsciana y la categoría de “el habitus” de Pierre Bourdieu[6], que realiza García Canclini brinda un panorama plural mucho más acorde al tiempo de organización fragmentada y de múltiples intereses que se presentan en la diversidad de los aspectos étnicos, sexuales, de consumo y representación política. El relacionamiento entre los sectores populares y las estructuras de poder, que no siempre devienen del Estado-Nación, compone la cultura moderna cotidiana con múltiples contradicciones y apartada de un carácter homogéneo, aglutinador o de cohesión social determinado. La pluralidad determinada por múltiples factores materiales y culturales abre el panorama de nuevas interpretaciones de la realidad social segmentada y generadora de nuevos paradigmas de hegemonía, consumo y organización.

Uno de esos paradigmas es la noción moderna de la superación de la teoría del Estado, tal cual se estructuró en los siglos pasados; por un nuevo paradigma planteado por Enrique Dussell[7] que refuerza la idea de las construcciones populares y plurales de Comunidad por sobre el Estado como institución e instrumento irradiador de poder y control[8]. Desde la doctrina decolonial Dussel plantea este paradigma de hegemonía, consumo y referencia popular con otros elementos políticos y filosóficos, pero todos transversalizados por la ética; para la construcción de poderes populares altamente legitimados por la propia población. Escenario utópico donde los aparatos de coerción y coacción se limitarían a su mínima expresión, quebrando con las instituciones autorreferenciales. Si se analiza en paralelo la propuesta de García Canclini y la de Enrique Dusell se puede arriban a una construcción popular que materialice la premisa constitucional boliviana de “vivir bien[9] como paradigma civilizatorio alternativo y contrario a la construcción cultural “american way of life”.


[1] Filósofo, sociólogo y crítico de arte argentino. Doctorado en Filosofía en las Universidades de La Plata y de París.

[2] Publicado en la revista latinoamericana de ciencias sociales Nueva Sociedad Nro.71, marzo-abril de 1984, pp. 69-78.

[3] Althusser, Louis, Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Nueva Visión, España, 2016.

[4] Portantiero, Juan Carlos, Los usos de Gramsci, Folios, México, 1981.

[5] Foucault, Michel, Microfísica del poder, La Piqueta, España, 1978.

[6] Bourdieu, Pierre, Cuestiones de sociología, Akal, España, 2000.

[7] Enrique Domingo Dussel es un académicofilósofohistoriador y teólogo argentino, uno de los fundadores de la Filosofía de la liberación.

[8] Dussel, Enrique, ¿Estado o Comunidad?, Grito del sujeto, Bolivia, 2012.

[9] Precepto ético-moral y paradigma de calidad de vida, que se mencionado en la CPE dos veces en la parte introductoria de fundamentos constitucionales y en los artículos: 8 parágrafo I y II, 80 parágrafo I, 306 parágrafo I, III y artículo 313.

Nociones básicas para una Comunicación horizontal

Gabriel Villalba Pérez

Históricamente la Comunicación ha sido conceptualizada desde diversos enfoques, pero con una misma línea argumentativa muy ligada a la construcción cultural hegemónica denominada “occidente”, posicionada como generadora del monopolio del conocimiento. Aristóteles con referencia a la “retórica” es instrumentalizado por la comunicología para esbozar tres elementos de la ciencia de la comunicación: locutor, discurso y oyente. Siendo una de las primeras definiciones. La historia occidental seguirá conceptualizando e incorporando elementos en la teorización del proceso comunicacional.

La definición tradicional de Comunicación deviene de la preocupación por los efectos del mensaje en el receptor, una visión unidireccional y vertical. La teoría de la comunicación de masas[1] refuerza esa visión estratificada e impersonal del proceso comunicacional convencional. Los teóricos pragmáticos[2] representantes de lo que se denomina “occidente” refuerzan un sistema de conocimientos basado en los resultados, la manipulación de las masas y los efectos esperados en función a estrategias pre diseñadas que conciben un solo sujeto pensante, el emisor del mensaje.

La Comunicación horizontal como nuevo paradigma y en contraposición a la construcción de Comunicación “occidental” debe generar premisas básicas de interrelación desde premisas ambivalentes de comunicar, pero a la vez recibir mensajes comunicados por el otro, se debe romper la lógica de jerarquización y plantear relaciones horizontales que implican una real democratización.

La visión crítica de ciertos teóricos[3] esboza un pensamiento de interpelación a los métodos heredados desde “occidente” para estudiar y desarrollar la Comunicación, además de la preponderancia cultural y en el caso de Althusser política de comunicar con sentido de reflexión y organización para la transformación social. Las adopciones foráneas reforzaron la visión anglosajona y europea de los procesos comunicaciones, muy conveniente para sus realidades sociales y los momentos históricos específicos en que se desarrolló, pero anacrónica a una realidad social y coyuntural como la Latinoamericana.

La comunicación horizontal como teorización no deconstruye totalmente la versión vertical de comunicación, resalta sus virtudes operativas y prácticas para incorporarlas en matrices comunicacionales particulares. Prepondera la visión democrática participativa de la teoría critica adecuándola a la realidad latinoamericana. No se constituyen absolutismos, ni tampoco eclecticismo sino una suerte de construcción teórica utópica que plantea como horizonte la participación desde donde se genera la comunicación que es la propia sociedad permeada por sus valores culturales, costumbres, formas, significantes e interrelacionamiento simbiótico de todos estos elementos.


[1] McQuail, Denis, Introducción a la teoría de la comunicación de masas, Paidós, Barcelona, 1985.

[2] Harold Lasswell, Charles Wright, Paul Lazarsfeld, Robert Merton, Melvin L. De Fleur entre sus máximos exponentes.

[3] Althusser, Louis, La filosofía como arma de la revolución, Pasado y Presente, México, 1988.

Beltrán, Luis Ramiro, Premisas, objetos y métodos foráneos en la investigación sobre comunicación en América Latina, Bolivia, 1982.

ÉTICA POLÍTICA Y ÉTICA PERIODÍSTICA: ASIGNATURAS PENDIENTES

El miércoles 24 de abril del año en curso en la Vicepresidencia del Estado se presentó el Nº 30 de la revista de análisis político La Migraña titulada: Ética y Gobiernos Progresistas.

Enrique Dussel[1], filósofo critico utópico y fundador de la Escuela de pensamiento denominada Filosofía de la Liberación esboza sobre la preponderancia e interrelación de la ética en la política. En virtud a que toda práctica política pareciera estar disociada con un comportamiento ético, que las sociedades conciben ambas categorías como totalmente antagónicas, incluso interpretando que una corrompe a la otra; Dusell responde así:

(…) la “ética” de ninguna manera se corrompe “metiéndose” en política, porque si se corrompiera al “meterse” en cada campo práctico (la política, la economía, la pedagogía, la familia, etcétera) no serviría para nada. Su función, exactamente, es ser subsumida en cada campo práctico para instaurar dentro de ellos un régimen normativo que los haga posibles, y no contradictorios (…)[2].

La necesidad imperante de un sentido ético en las prácticas cotidianas es una asignatura pendiente. En el periodismo se ejemplifica la carencia de esta simbiosis entre la responsabilidad informativa que construye todos los días sentido común con la práctica ética y responsable.

Estos son algunos ejemplos que reflejan la carencia de ética en el periodismo boliviano:

“MUERE UN BEBÉ EN VIOLENTO OPERATIVO EN CHAPARINA”. Titular del periódico Pagina Siete. No se registró ningún deceso en aquel conflicto social.

“VAJILLA Y PERSIANAS DEL NUEVO PALACIO COSTARON BS 590.834”. Titular de Pagina Siete que fue desmentido indicando que el gasto comprometido (entre persianas y vajillas) fue de Bs 489.262,03, dato que difería con la cifra señalada de forma irresponsable e inconsistente con un manejo de información serio y ético.

Sin duda la ética debe ser un componente indisoluble de las prácticas políticas y periodísticas, situación que no se ha alcanzado ni analizado en el país. Dependerá del interés de la sociedad exigir cada día más y mejores productos periodísticos y propuestas políticas planteadas desde valores sociales éticos.  


[1] Nace el 24 de diciembre de 1934, en Mendoza, Argentina. Exiliado político de desde 1975 en México. Es profesor en el Departamento de Filosofía en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y en el Colegio de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Doctor en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, doctor en historia en La Sorbonne de Paris. Ha obtenido doctorados Honoris causa en Freiburg (Suiza) y en la Universidad de Mayor de San Andrés (Bolivia). 

[2] Dusell, Enrique, ¿Estado o Comunidad?, La Paz, Grito del Sujeto – Rincón Ediciones, 2011, pag. 17.

(O)POSICIONES AUTODESTRUCTIVAS

Por: Gabriel Villalba Pérez[1]

La interpretación política de los momentos históricos determinados está cargada de implicaciones que nos retrotraen a conocimientos en las ciencias sociales ya adquiridos y comprobados. Para citar algunos podemos referirnos a insumos teórico prácticos como “El Arte de la Guerra” de Sun Tzu, “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo o “El kit del escéptico” de Carl Sagan. Ciertamente esas son sólo algunas obras que permiten tener coherencia en la práctica política cotidiana, constituyéndose en puntos referenciales para elaborar estrategias de campaña, discursos, esquemas de poder y controlar las falacias e impulsos emocionales tan propios de los políticos contemporáneos. El temple y la rigurosidad en la interpretación coyuntural precisa, tanto nacional como internacional, es clave para plasmar un plan de trabajo político con resultados específicos esperados; después de todo hacer política no es tan complicado ya que se rige por reglas eminentemente lógicas.

En la actual política de causas no existen los discursos totalizantes, aquellos que en otra época eran capaces de aglutinar grandes multitudes de distintas clases y estratos sociales. Forma parte del museo de la historia aquel discurso construido bajo la premisa de homogeneidad incluso intergeneracional; situación que se explica por marcados procesos de despolitización y/o adscripción ortodoxa a preceptos o tendencias en las que no cabe el pensamiento crítico. Es por ello que a escala global los partidos políticos sufren un desprestigio generalizado y pérdida de legitimidad en la representación de sus sociedades. Surgen nuevas formas de organización política contra hegemónicas a todo un sistema dominado por “políticos profesionales”[2].

En este orden de cosas y bajo los insumos para la interpretación de la realidad política mencionados precedentemente es menester resaltar las posiciones autodestructivas de ciertos candidatos a la presidencia de Bolivia. El candidato Víctor Hugo Cárdenas movido por la falacia de la media verdad que opera cuando se mencionan datos que respaldan una tesis, ocultando al mismo tiempo los que la desmienten; propuso abrir el debate para que las mujeres porten armas[3]; a la vez obvió preceptos constitucionales e instrumentos internacionales en los cuales Bolivia se suscribe contrarios a esta propuesta y enmarcados en el paradigma de la cultura de paz. Se puede calificar a esta posición autodestructiva como “un disparo al pie” que se dio el propio candidato.

Otro candidato a la presidencia de Bolivia, el senador Oscar Ortiz, en su última visita a la República Argentina y reunión con el presidente de aquel país Mauricio Macri; incurrió en la denominada falacia ad verecundiam que supone que una idea es verdadera por el peso de la autoridad que lo propone. Así el senador Ortiz escribió en su cuenta de twitter: “Estuve en la cena de la Fundación Internacional para la Libertad, invitado por Mario Vargas Llosa, junto a @Almagro_OEA2015, y el presidente @mauriciomacri, con quienes compartí la defensa del #21F y los argumentos que sustentas nuestra reivindicación democrática”[4]. Autodestrucción que no pasó desapercibida en Bolivia ya que el gobierno del Mauricio Macri se ha caracterizado por la represión a los sectores populares de la sociedad argentina no solo en las protestas callejeras, sino también, y fundamentalmente, en lo económico donde la pobreza aumentó un 32% y la indigencia alcanzó el 6,7%[5].

Otro candidato, Carlos De Mesa, se encuentra en una encrucijada y contradicción moral por los escándalos de corrupción en la alcaldía de Luis Revilla, hasta el momento el principal aliado político de Comunidad Ciudadana. Las denuncias suman y siguen contra la Alcaldía de La Paz, no solamente por diputadas del MAS, sino hasta por la propia Concejala de Sol.Bo, Cecilia Chacón[6]. La autodestrucción de Carlos De Mesa radica en la elección de sus aliados políticos, más o menos como el adagio “hay sumas que restan”.

Queda mucho camino por recorrer hasta las elecciones generales de octubre y mil maneras de (o)posiciones autodestructivas que quedan aún por ver y analizar.


[1] Gabriel Villalba Pérez es orureño, abogado titulado de la Universidad Mayor de San Andrés, mención en Derecho Internacional, especializado en Geopolítica por la UNAM de México, periodista radial y televisivo, sus líneas de investigación son la comunicación política y construcciones postneoliberales. 

[2] Esta noción mencionada por el ex presidente uruguayo “Pepe” Mujica hace referencia a que existen personajes sin ninguna profesión ni oficio que hacen política porque es su forma de subsistencia, su forma de vida, su profesión es la política; única fuente de sus ingresos económicos. A la vez, y en un plano contrapuesto, hace referencia a los profesionales (ingenieros, abogados, médicos, politólogos, etc.) y carpinteros, obreros, o personas dedicadas a cualquier otro oficio que viviendo de su profesión u oficio hacen política no para lucrar, sino para servir, para transformar su realidad social. Esa la diferencia entre “políticos profesionales” y cualquier otro profesional o persona que se dedica a cualquier oficio y que a la vez hace política, no como forma de subsistencia, sino como forma de servicio.

[3] https://www.eldeber.com.bo/bolivia/Victor-Hugo-Cardenas-propone-abrir-el-debate-para-que-mujeres-porten-armas-20190311-6362.html.

[4] http://elmundo.com.bo/web2/index.php/noticias/index?id=ortiz-se-encontro-con-macri-y-le-expuso-los-argumentos-de-la-defensa-del-21-f.

[5] https://actualidad.rt.com/actualidad/310039-pobreza-indigencia-aumentan-argentina?fbclid=IwAR0QVXDA7TLtyA2wfn03ViIg_9bP-bcON_J1aJUFWi0vOm83w3zL1-Jtylw.

[6] http://www.la-razon.com/ciudades/denuncia-tersa-saavedra-irregularidades-alcaldia_0_3118488167.html.

Radiografía de las oposiciones desde la Comunicación Política Millennial y Centennial

Articulo publicado en el Semanario El Quirquincho

Por: Gabriel Villalba Pérez[1]

Si se realiza un ejercicio de remembranza de las luchas sociales contemporáneas en nuestro país, claramente, gran parte de la generación millennial puede remitirse vivencialmente a: “La Guerra del Agua” del 2000, “La Guerra del Gas” del 2003, los acontecimientos de los “Golpes Cívicos Prefecturales” (2008) y todo el desarrollo del proceso constituyente que culmina el 2009.

Generaciones precedentes pueden realizar análisis comparativos de la “República de Bolivia” y del “Estado Plurinacional de Bolivia”. Evidentemente solo se pueden realizar análisis históricos comparativos vivenciales en la medida que se pueden comparar hechos vividos, sentidos y palpados; además acontecidos en primera persona; es decir, uno solo valora lo que tiene si conoce siente y vive lo que antes no tenía.

Es por eso que las generaciones denominadas millennials (que llegaron a su etapa adulta después del año 2000) y centennials (que actualmente tienen 18 años) difícilmente conocen de los cambios estructurales y superestructurales de la sociedad boliviana. Esto se da por la simple razón lógica de que no vivieron en carne propia esos acontecimientos, por ende, no tienen con qué otro momento histórico distinto comparar su realidad social actual.

Sabiendo y entendiendo este orden lógico de cosas, ¿Cómo se construyen y proyectan los diversos mensajes políticos? ¿Qué les está ofreciendo a estas generaciones las diversas oposiciones del país? ¿Qué les ofrece el actual gobierno?

La política tradicional fue pensada para la construcción de discursos homogéneos que aglutinan a diversos grupos etarios en un discurso político general único. Esa lógica no se aplica en la práctica y comunicación política millennial y centennial.

Ante este nuevo escenario ciertamente existen diversos tipos de oposiciones, así como diversos movimientos progresistas más cercanos a propuestas de construcción postneoliberal. Los últimos acontecimientos políticos en el país mostraron a una oposición política democrática crítica del andamiaje estatal, desde la Asamblea Legislativa Plurinacional los (únicos) cuadros coherentes, con un discurso político de fiscalización y denuncia de las equivocaciones gubernamentales son las asambleístas nacionales Lourdes Millares y Jimena Costa. Cabe recalcar que su liderazgo se enmarca y proyecta en condiciones de paridad de género (más de 50% de mujeres en la Asamblea Legislativa) producto de una voluntad política de cambios cualitativos en la representatividad parlamentaria proyectada desde el MAS – IPSP y las políticas de género. 

Por otro lado y desde otra lógica, se trató de legitimar una suerte de “colectivos ciudadanos”. Movimientos que en su origen mostraban cierta legitimidad desde la sociedad civil pero con una visión citadina y alejada con el sentido popular obrero campesino. Por eso la misma denominación: “ciudadano”,como develando que esa nueva construcción política no prepondera ni considera lo campesino popular, sólo lo urbano citadino. Tras su desarrollo y relevancia en la carrera electoral se demostró su fuerte vinculación y subalternidad a los partidos políticos tradicionales y a figuras políticas conservadoras como Carlos Mesa, Doria Medina, Rubén Costas, Víctor Hugo Cárdenas y Luis Revilla; es decir, un movimiento que podría haberse considerado incluso legitimo desde las clases medias altas citadinas develo su carácter conservador vinculado al pasado político del país y su incapacidad de plantear una alternativa política novedosa y coherente con el momento histórico. El mayor error de esa oposición es su interpretación política de la realidad social a través de deseos y no de situaciones tangibles.  

Los movimientos opositores violentos, en otra época, identificados con los Comités Cívicos y grupos fascistoides como la Unión Juvenil Cruceñista, por citar solo un ejemplo,  demuestran en su accionar político que al realizar actos vandálicos en el Tribunal Supremo Electoral de La Paz, y Tribunal Departamental Electoral de Santa Cruz no hacen más que generar animadversión del común de la población. Ya que su “ideal de lucha” es una idea vacía que no saben representar menos explicar; esa dicotomía incoherente: “Democracia – Dictadura” que es únicamente abstracta.

La sociedad millennial y centennial actúa y se moviliza en función a intereses y beneficios tangibles. Lo que les ofreció todos estos años; el denominado “Proceso de Cambio” (siendo que estos grupos etarios no vivieron ningún cambio quizá debería llamarse de forma más apropiada para ellas y ellos: “Proceso Continuado e Ininterrumpido de Beneficios y Modernidad”) fue: una estabilidad económica y condiciones que generaron 70 empresas por día, ya que en el año 2005 habían 64.632 empresas y en 2018 ya existían 308.622 empresas, es decir que a los emprendedores, principalmente jóvenes no les va bien “gracias a Dios” o únicamente gracias a su trabajo, sino por las condiciones económicas generadas en el país por el gobierno de Evo y su eficiencia económica. Diversas capas en el rubro de los servicios se vieron beneficiadas por un salario mínimo que en 2005 era de 440 Bs. y que en 2018 alcanzó 2.060 Bs.

La clase media (personas con ingresos medios) aumentó de 3,3 millones de personas en 2005 a 6,5 millones de personas hasta el 2017 que son las mismas de las filas en los mercados, supermercados, salas de cines, patios de comidas, restaurantes, cajeros automáticos, etc.  

Con una economía impulsada desde el mercado interno la tasa de desempleo de 8,1% en 2005 bajó a 4,48% en 2017. Y para los amantes del Fortnite, toda la información y tecnología, las conexiones a internet de 163.482 en 2005 pasaron a ser de 8.817.749 en 2017.

Las diferencias cualitativas de un proyecto político real, tangible y moderno; y otro de aspiraciones, deseos e ideas vacías se evidencian en la cotidianidad que pareciera haberse naturalizado por la falta de acontecimientos con los cuales comparar. Sin embargo se tienen los precedentes internacionales de Argentina y Brasil que tras la careta de “El Cambio” y “la Novedad” volvieron a las viejas políticas neoliberales de los 80s y 90s, es decir, demostraron su carencia de visión política renovada. Por otro lado los procesos libertarios globales, a los cuales se adscribe el proceso boliviano, se plantean la superación de las lógicas neoliberales, tratan de generar construcciones postneoliberales con sentidos comunitarios que deconstruyan las lógicas conservadoras de inequidad.  


[1] Gabriel Villalba Pérez es orureño, abogado titulado de la Universidad Mayor de San Andrés, mención en Derecho Internacional, especializado en Geopolítica por la UNAM de México, periodista radial y televisivo, desarrolla comunicación política y construcciones postneoliberales.